lunes, 12 de enero de 2026

¿Nunca fue gestión por objetivos?, ¿Qué era entonces?


 

¿Nunca fue gestión por objetivos?, ¿Qué era entonces?

Julián Padilla

Yo me hago una pregunta simple, entonces ¿estamos innovando con esto de articular la planificación y el presupuesto enfocados a resultados?. ¿Significa esto que tenemos cinco años haciendo el presupuesto de la nación para repartir una piñata?, ¿o sea que nunca hemos tenido objetivos en esos presupuestos?.

Pero ¿Qué es un presupuesto y para que se hace un presupuesto?, ¿Cómo se configura la gestión estratégica de cualquier organización?. Y ¿porque tenemos la cultura de que faltando semanas para concluir el año, lo que no se ha utilizado hay que despilfarrarlo?.

Para definir lo que es un presupuesto no hay que volver lo simple en complejo para luego dar una charla, es la realización de un estimado de los recursos necesarios para llevar a cabo un conjunto de actividades, que a su vez permiten el logro de objetivos/metas especificas en un horizonte de tiempo, a la vez de que con las mismas se está en cumplimiento con el propósito fundamental de la organización y su visión.

Se incluyen aquellas acciones que permiten el financiamiento de las actividades, es decir, un estimado de los ingresos que se recibirán en ese lapso, acompañado del plan de acción para  su consecución, y las inversiones y gastos necesarios para llevar a cabo las mismas, sin las cuales no sería posible el logro de los objetivos.

Estos paradigmas aplican a cualquier tipo de organización, y sobre sale la palabra “lo necesario”, pero hemos creado en el tiempo tantas entelequias como botín de guerra a los compañeritos de partido, sobre todo a “cuadros políticos y dirigentes de alta gama”, para esto somos súper creativos, aunque hemos echado en saco roto una cantidad importante de recursos.

No se niega que muchas veces se asumen creaciones para estar en cumplimiento con leyes, regulaciones, acuerdos internacionales, y de ahí surgen nuevas organizaciones, las cuales necesitan recursos y presupuesto. ¿Pero que necesitamos realmente como Estado?, aquí se cae todo lo populista y clientelar. Y queda una pregunta lapidaria: ¿a quién servimos al pueblo o a intereses supra nacionales?.

Pero también están las súper promesas que impone la ambición de poder y anhelos de eternidad,  por con ofertas, que nunca se cumplieron en un primer periodo, pero que se ofrecen en un segundo tramo, y que para poder cumplirlas, se necesitan recursos que ya no se tienen, cayeron en saco roto, pero se necesitan para más de lo mismo.

Si tomamos la lógica del proceso de una planificación, se tiene un escenario actual, un estatus quo, que describe o responde a una pregunta clave: ¿Dónde estamos? Y otra pregunta clave: ¿Cómo llegamos aquí?. En estas dos preguntas queda el debate sin salida ni apoyo popular, aunque la oposición no existe pues también disfrutan del reparto del pastel.

Pero si tenemos un déficit fiscal, “creado no fortuito” aun sin crisis fiscal  y nos preguntamos ¿Cómo llegamos aquí?. De inmediato sale a relucir el manejo inadecuado de recursos por parte de “los gobiernos”, la terrible corrupción que se denuncia a diario, el saco roto en que se ha echado una enorme cantidad de préstamos, que hoy se delatan como insostenibles.

Entonces surge otra pregunta más en esta parte del trofeo, ¿hemos tenido éxito creando un monstruo para justificar imponer un inaceptable despropósito? ¿Quiénes se benefician de esta píldora anti conceptiva?.

Al parecer la respuesta a la pregunta sobre el éxito, es sí y no. Éxito porque definitivamente hemos creado y agrandado el problema, ahí tenemos excelencia. Pero todo se ensombrece con más populismo, clientelismo, corrupción y nepotismo, todo financiado con más endeudamiento. Y no éxito, porque no se logra ni logrará el apoyo popular y que imponerla podría traer un estallido social.

Pero para no perder el foco, seguimos con el proceso, ya vemos que del lado de la partidocracia compromisaria solo se tienen tres caminos: a) la sinceridad y honestidad que implica: eliminar entelequias que nada aportan, eliminar botellas y nominillas, y personal no necesario en las organizaciones, aunque pagando un alto costo político partidario, b) Tomar más préstamos para financiar estas incongruencias de gestión y c) hacer una reforma fiscal deteriorando sin lugar a dudas la calidad de vida de la inmensa mayoría y sobre todo de la clase media dominicana. Objetivo: lograr más recursos y seguir con la piñata.

Entonces tiene sentido, revisar esas metas, las que sean, para hacer más efectivas las organizaciones, aunque se haya querido focalizar en 10 metas y varios sectores específicos. Que al fin y al cabo, no es otra cosa que hacer más efectiva y eficiente la gestión pública.

Pero volvemos a preguntar, ¿si esto se sabía por qué aprobar un presupuesto para el año 2026 con un incremento casi exponencial, si sabíamos que no contábamos con los recursos para ello y que conseguirlos era o estrangular al pueblo o estrangular las finanzas públicas?. ¿Por qué no nos guiamos del Soberano Mandante y recuperamos lo robado por funcionarios en los últimos 25 años?. ¡Ahí si no apoya la Partido Mafia!.

Me luce un ejercicio mecánico e irresponsable lo que fue el presupuesto nacional aprobado, y que ahora con ciertos retoques faciales, se pretende re enfocar lo que debió ser hecho correctamente desde un principio. ¿Cuál de las iniciativas es legal la legal?. ¿No habría que derogar y re hacer la ley de gastos públicos que incluye el presupuesto del 2026 para que podamos hacer lo correcto y hacerlo correctamente?. O ¿es que lo que está mal es la ley?.

Esto que se plantea hoy como “una nueva etapa del presupuesto”,  Charles Mintzberg al referirse a las estrategias lo describe como: “el punto medio entre lo ideal y lo posible, las estrategias emergentes”. Pero tal vez ni siquiera exista el ideal, pues no tenemos una barita mágica que haga realidad el recuperar lo robado en 25 años y con ello, el pago total de la deuda pública y externa.

 

 

 

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