¿Nunca fue gestión por objetivos?, ¿Qué era entonces?
Julián Padilla
Yo me hago una pregunta
simple, entonces ¿estamos innovando con esto de articular la planificación y el
presupuesto enfocados a resultados?. ¿Significa esto que tenemos cinco años
haciendo el presupuesto de la nación para repartir una piñata?, ¿o sea que
nunca hemos tenido objetivos en esos presupuestos?.
Pero ¿Qué es un presupuesto
y para que se hace un presupuesto?, ¿Cómo se configura la gestión estratégica
de cualquier organización?. Y ¿porque tenemos la cultura de que faltando
semanas para concluir el año, lo que no se ha utilizado hay que
despilfarrarlo?.
Para definir lo que es un
presupuesto no hay que volver lo simple en complejo para luego dar una charla,
es la realización de un estimado de los recursos necesarios para llevar a cabo
un conjunto de actividades, que a su vez permiten el logro de objetivos/metas
especificas en un horizonte de tiempo, a la vez de que con las mismas se está en
cumplimiento con el propósito fundamental de la organización y su visión.
Se incluyen aquellas
acciones que permiten el financiamiento de las actividades, es decir, un
estimado de los ingresos que se recibirán en ese lapso, acompañado del plan de
acción para su consecución, y las
inversiones y gastos necesarios para llevar a cabo las mismas, sin las cuales
no sería posible el logro de los objetivos.
Estos paradigmas aplican a
cualquier tipo de organización, y sobre sale la palabra “lo necesario”, pero hemos
creado en el tiempo tantas entelequias como botín de guerra a los compañeritos
de partido, sobre todo a “cuadros políticos y dirigentes de alta gama”, para
esto somos súper creativos, aunque hemos echado en saco roto una cantidad
importante de recursos.
No se niega que muchas veces
se asumen creaciones para estar en cumplimiento con leyes, regulaciones, acuerdos
internacionales, y de ahí surgen nuevas organizaciones, las cuales necesitan
recursos y presupuesto. ¿Pero que necesitamos realmente como Estado?, aquí se
cae todo lo populista y clientelar. Y queda una pregunta lapidaria: ¿a quién
servimos al pueblo o a intereses supra nacionales?.
Pero también están las súper
promesas que impone la ambición de poder y anhelos de eternidad, por con ofertas, que nunca se cumplieron en
un primer periodo, pero que se ofrecen en un segundo tramo, y que para poder
cumplirlas, se necesitan recursos que ya no se tienen, cayeron en saco roto,
pero se necesitan para más de lo mismo.
Si tomamos la lógica del
proceso de una planificación, se tiene un escenario actual, un estatus quo, que
describe o responde a una pregunta clave: ¿Dónde estamos? Y otra pregunta
clave: ¿Cómo llegamos aquí?. En estas dos preguntas queda el debate sin salida
ni apoyo popular, aunque la oposición no existe pues también disfrutan del
reparto del pastel.
Pero si tenemos un déficit
fiscal, “creado no fortuito” aun sin crisis fiscal y nos preguntamos ¿Cómo llegamos aquí?. De
inmediato sale a relucir el manejo inadecuado de recursos por parte de “los
gobiernos”, la terrible corrupción que se denuncia a diario, el saco roto en que
se ha echado una enorme cantidad de préstamos, que hoy se delatan como
insostenibles.
Entonces surge otra pregunta
más en esta parte del trofeo, ¿hemos tenido éxito creando un monstruo para
justificar imponer un inaceptable despropósito? ¿Quiénes se benefician de esta
píldora anti conceptiva?.
Al parecer la respuesta a la
pregunta sobre el éxito, es sí y no. Éxito porque definitivamente hemos creado y
agrandado el problema, ahí tenemos excelencia. Pero todo se ensombrece con más
populismo, clientelismo, corrupción y nepotismo, todo financiado con más
endeudamiento. Y no éxito, porque no se logra ni logrará el apoyo popular y que
imponerla podría traer un estallido social.
Pero para no perder el foco,
seguimos con el proceso, ya vemos que del lado de la partidocracia
compromisaria solo se tienen tres caminos: a) la sinceridad y honestidad que
implica: eliminar entelequias que nada aportan, eliminar botellas y nominillas,
y personal no necesario en las organizaciones, aunque pagando un alto costo
político partidario, b) Tomar más préstamos para financiar estas incongruencias
de gestión y c) hacer una reforma fiscal deteriorando sin lugar a dudas la
calidad de vida de la inmensa mayoría y sobre todo de la clase media
dominicana. Objetivo: lograr más recursos y seguir con la piñata.
Entonces tiene sentido,
revisar esas metas, las que sean, para hacer más efectivas las organizaciones,
aunque se haya querido focalizar en 10 metas y varios sectores específicos. Que
al fin y al cabo, no es otra cosa que hacer más efectiva y eficiente la gestión
pública.
Pero volvemos a preguntar,
¿si esto se sabía por qué aprobar un presupuesto para el año 2026 con un incremento
casi exponencial, si sabíamos que no contábamos con los recursos para ello y
que conseguirlos era o estrangular al pueblo o estrangular las finanzas públicas?.
¿Por qué no nos guiamos del Soberano Mandante y recuperamos lo robado por
funcionarios en los últimos 25 años?. ¡Ahí si no apoya la Partido Mafia!.
Me luce un ejercicio mecánico
e irresponsable lo que fue el presupuesto nacional aprobado, y que ahora con
ciertos retoques faciales, se pretende re enfocar lo que debió ser hecho
correctamente desde un principio. ¿Cuál de las iniciativas es legal la legal?. ¿No
habría que derogar y re hacer la ley de gastos públicos que incluye el
presupuesto del 2026 para que podamos hacer lo correcto y hacerlo
correctamente?. O ¿es que lo que está mal es la ley?.
Esto que se plantea hoy como
“una nueva etapa del presupuesto”, Charles
Mintzberg al referirse a las estrategias lo describe como: “el punto medio entre lo ideal y lo posible, las estrategias emergentes”.
Pero tal vez ni siquiera exista el ideal, pues no tenemos una barita mágica que
haga realidad el recuperar lo robado en 25 años y con ello, el pago total de la
deuda pública y externa.

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