El Problema de la ley es la ley
Julián Padilla
Parece un chiste el escuchar
el chiste que hacia Trespatines cuando le decía al señor juez, que él no tenía
conflictos con la ley sino que la ley tenia conflictos con él y que modificaran
el código.
Y la forma tan graciosa en
que Trespatines lo decía, evidentemente era un chiste, así como “las multas de
DIGESET” digo que el señor juez le ponía a su secretario, y a cualquiera, tan
solo porque era el juez y le daba su santa gana.
Y aquí hace tiempo que
venimos escuchando de la barbarie que se aplica, del famoso trompo que le arman
a la gente, cuando en lugar de la justicia y la verdad, prima mercurio para las
decisiones que suprimen derechos fundamentales. Evidentemente existen honrosos
personajes que nunca alquilaron o vendieron su toga y tampoco su uniforme de guardián
del orden. Pero en el fango en que vivimos, ya no se sabe, quien representa a barrabás
ni quien representa al maestro.
Pero ahora me viene a la
mente el lado no jocoso de la historia, y es que realmente no se trata de
justificar lo mal hecho, pues cuando Trespatines robaba, eso estaba mal,
independientemente de que la ley lo permitiera.
Es que en el actual sistema
base de la seguridad jurídica, lo que está mal hoy, puede estar bien mañana,
porque sencillamente los “honorables lo decidieron” o ha sido re interpretado
fuera de todos los valores y principios de la moral.
Fíjese usted lo más reciente
que tanto ruido causó, el caso de la homosexualidad y el lesbianismo en los
cuerpos militares. Pero la sodomía ya es una realidad aplaudida por bandidos al
timón. Vivan los que destilan aceite o se les moja la canoa.
Pero está prohibida la prostitución
y los chulos, y el lavado cuando se trata de 500 mil pesitos, pero se reciben en
alfombra roja y con escolta, a los tutumpotes y con llamaditas de SENASA, en la
misma banca se apuestas, cuando se habla de miles de millones de pesos. Pero
cuidado, que es un delito hablar mal de esos lavaderos de autos.
El problema fundamental es
la escasa y real representatividad y participación de las mayorías en la creación
de las leyes, entonces, las mismas se crean por un grupito pago por el pueblo,
pero con el firme propósito de traicionarle y humillarle cada vez que puede,
pero favoreciéndose en el reparto de la piñata o en el intercambio de coimas.
El problema es la selección maravillosa de “funcionarios”
y “asignación de curules”, que funcionan siempre solo a favor de sus bolsillos
y sus testaferros, y no del interés nacional.
Entonces gozar del “poder”,
asegurarse de la implementación de pensamiento maquiavélico “divide y vencerás”
confundiendo en el pensamiento y la cultura, de los principales objetivos
enemigos de los gobiernos de turno, el pueblo. Utilizando estratégicamente los
principios de la “manipulación de las masas” para el condicionamiento operante
y la disonancia congnitiva fatal, que lleva a la profecía de auto cumplimiento,
y a sembrar en la mente colectiva, la creencia infernal de sentirnos felices
con nuestros captores, casi una tragedia griega en el siglo XXI, el Síndrome de
Estocolmo colectivo.
Una desesperanza aprendida
planificada, auto inmune, un cáncer que ha hecho ya metástasis en todo el
sistema operativo nacional. Y que impone la única regla vigente de la selva,
coge lo tuyo, cállate o muere.
Pero, ante todos estos
abusos y violencia estatal mancomunada a los intereses que realmente
representan, ¿cómo elegir cambiarnos a nosotros mismos, porque no podemos
cambiar lo que está mal hecho?.
Estamos en una trampa, y al
recordar el “juramento” juro por mi honor y por la patria, cumplir y hacer
cumplir la constitución y las leyes. ¿Cuál honor y cual Patria?.
Pero no se trata del Rey Salomón
que gobierna ni imparte justicia, sino una versión moderna de Atila, el cual decía
gozoso, “donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”, o una especie del
Rey Sol para decir: “el estado soy yo”, para seguir con los mercaderes al
volante, quienes hace tiempo se acomodaron al status quo, que son parte de la
voracidad de un sistema, que lo saquea todo y luego castiga a la mayoría, que
son los débiles, pero que privilegia a sus cómplices y testaferros.
Por eso vivimos en
democracia, porque hemos democratizado la pobreza, la violencia, el miedo, el
abuso, la injusticia social y porque la mayoría está mal. Nos hemos acomodados en
esa gloriosa zona de confort, que cuando alguien intenta salirse de esta
barbarie, suena una voz que te pregunta, “te volviste loco Wilfrido”.
Pero esa trampa mortal, que
persigue disfrazar la podredumbre, suma gente de bien, que con toda seguridad
se condicionó con efectivos mecanismos de defensa, sumándose al tren que seguirá
su mismo curso, pero con el disfraz de ovejas y de ángeles de luz.
Pero seguimos montados en la
misma cultura de Chapita y mantenemos a los calieses y otros esbirros operando,
y ya usted no puede ni hablar en una calle cualquiera, pues al poco tiempo pasa
la muerte en Yipe, en una patrulla, solo para infundir terror. Se dice que tienen
instalados micrófonos en zonas, para escuchar a la gente, cuando dicen lo que
sienten de los bandidos y mafiosos de la política.
Y ahí venimos nueva vez con
la maldita Ley del Calié, la ley del DNI, mientras los que se sienten
protegidos por el sistema pues son sus rémoras, se regodean y otros que chupan
de la teta callan, observan, o tímidamente dicen en secreto lo que realmente
piensan, para evitar un apagón financiero.
El problema de la ley es la
ley, y es la ley, porque no ha sido el Soberano Mandante quien la ha
promulgado, sino un sistema criminal y sus representantes, que no representan
el interés nacional, sino su perpetuidad para poder siempre decir: “para que la
cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Su opinión es importante!
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.