martes, 6 de enero de 2026

El Enemigo en Casa


 

El Enemigo en Casa

Julián Padilla

Ciertamente los países del mundo pueden sentirse agradecidos, cuando sus pueblos, no sus gobiernos, reciben la comprensión y el apoyo de la comunidad internacional, sobre todo, cuando en sus países se tienen modelos de gobierno de opresión, abusos, dictatoriales, de censura, o de impedimentos a los derechos fundamentales y derechos humanos.

Sin embargo, cada país tiene su propia historia, y su propio camino o ruta crítica, en la búsqueda teórica de la prosperidad y de progreso,  para el avance de sus pueblos y llamamos avance, no al alineamiento con tendencias convenientes a intereses foráneos, sino a sus propias estrategias de desarrollo.

Pero al parecer la historia se vive en paralelo en todos los pueblos de Latinoamérica, y no solo se tiene el enemigo en casa, constituido por personajes y sectores, identificados abierta o solapadamente con intereses muy distantes del interés nacional y de la salud nacional y para colmo, aliados a intereses foráneos o supranacionales, a cambio de un enriquecimiento particular o de prebendas que traicionan los mismos cimientos de la patria y soberanía en todos nuestros países.

Latinoamérica tiene al día de hoy una nueva herida, pero esta luce ser mortal, una herida que sangra hoy por Caracas, pero con amenazas fuertes hacia cualquier país, que como ha dicho el rey del universo, “todos los que no se alineen con la hegemonía de norte América, corren el peligro de recibir una misión estadounidense” con miras a repetir la historia venezolana, es decir deponer a sus presidentes y re orientar sin consentimiento popular, la forma de gobernanza en esos pueblos. La carta democrática de la ONU es otro pedazo de papel, firma: Donald Trump.

Lo triste de todo esto radica, en que la clase política mafiosa de por si en nuestros pueblos, cierran la boca, pues su único objetivo es llegar al poder y luego intentar mantenerse. Y como todos pertenecen a esa partido mafia en sus países, entonces, prefieren contar con el apoyo del neo feudalismo, y su apoyo directo o indirecto electoral.

El enemigo entonces está en casa, diseminado en la misma clase política que secuestró la democracia local, aunque hoy es secuestrada por el PIRATA DEL CARIBE. Y vemos como el silencio se adueña de los intelectos y conceptualizadores de siempre, pues a cambio de ese silencio, pretenden llegar al poder para MAS DE LO MISMO.

La vergüenza ajena se expande, porque no solo son los gobiernos traidores que se arrodillan nuevamente al neo colonizador y amenaza del planeta Donald Trump, sino que la oposición en cada país, sobre todo aquella que tiene vocación de poder, calla, para no ponerse en malitas. Hipócritas y fabuladores.

Si nos quedamos por un momento en la situación más reciente, la venezolana y recordamos sus últimas elecciones, podemos correlacionar eventos que a nuestro entender son significativos.

La posición del ex presidente Leonel Fernández quien participó como observador en esas elecciones, y quien dijo primores de ese sistema electoral venezolano, olvidando que fue el mismo sistema usado en dominicana en el fiasco electoral de febrero del 2020.

Pero también el recibimiento del presidente Luis Abinader a Edmundo González Urrutia y arriesgar al país en el famoso acuerdo de Santo Domingo para no reconocer al gobierno de Nicolás Maduro. A esto se sumaron los intentos de negociaciones para la exploración de petróleo con Guyana y los aviones que se permitieron confiscar de Nicolás Maduro en el país.

Pero ahora lo peor ha sido, las declaraciones del presidente Abinader indicando que nunca estuvo de acuerdo con el resultado electoral de Venezuela, por un tema de legitimidad. Cuando el gobierno del cambio también es señalado seriamente por carecer de esas mismas calidades.

Con las declaraciones de Luis Abinader  se apoya la intervención de Donald Trump en Venezuela, a quien le aprobó el uso de la base aérea de San Isidro y una parte del AILA para sus operaciones militares en Caracas, olvidándose que nuestro país ha sido intervenido ya tres veces: 1916, 1965 y “ahora en 2025”.

Tenemos el enemigo en casa. No solo los gobiernos de los pueblos de Latinoamérica, son enemigos de sus pueblos y sus verdaderos intereses nacionalistas. La mentira del patriota Donald Trump no es más que eso, un camuflaje de los intereses verdaderos del imperio, y como siempre apoyados por traidores locales en cada país, que se hacen llamar Patriotas burlándose de sus pueblos.

El enemigo está en casa, y también tenemos en cada uno de nuestros países entidades que van en contra de los verdaderos intereses nacionales. Oficinas de la ONU, FMI, BM, BID, ONGs, consulados y embajadas, que fungen más que como colaboradores, como espías tiranos, que llevan y traen en función del interés de la oficina oval.

Durante un tiempo estuvimos sin un embajador en la nación dominicana, tal vez debimos seguir así, ojala que se lleven pronto los aviones invasores de suelo dominicano, ojala que el gobierno del cambio asuma posiciones neutrales frente a los países hermanos, y decline esas arrodilladas al interés supranacional.

No solo hemos sido traicionados en los últimos 25 años por los cuatro jinetes del apocalipsis, también hemos contribuido significativamente al desorden institucional  y  a la invasión de millones de haitianos en el país. Además, hemos entregado nuestros recursos naturales a intereses foráneos, y hemos destruido varias generaciones, promoviendo de una manera u otra la fuga de capital intelectual,  sembrando una profunda crisis moral, ética y de valores, en la que se ha desenvuelto la sociedad dominicana en las últimas décadas.

El enemigo está en casa: una clase política que compone la prostituida y degradada partidocracia, comunicadores fragmentados y activistas farsantes mercaderes,  partidos y gobiernos que no han honrado con respeto a la soberanía nacional y a la patria. El futuro luce incierto, la suerte sigue echada, y al parecer,  el Soberano Mandante tendrá que trazar la raya de Pizarro y tomar por los cuernos al toro, para volver a sembrar la esperanza y lograr una nueva restauración de la república.

 

 

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